Consultó el reloj nuevamente. Tan sólo habían pasado cinco minutos. Era una situación tan desesperante, y justamente lo único que se podía hacer era esperar.
Ella observó el café que tenía delante, en ese momento nada le apetecía mas que un cigarrilo. Se preguntó porque realizó esa tonta promesa, dejar de fumar era algo que sabía que no podía hacer, y menos en esos momentos de ansiedad. Daniela levantó la taza casi con asco y la acercó a sus labios. Los transeúntes corrían tratando de evitar la lluvia .Era algo tan inútil, tan carente de sentido.¿No notaban que en las estrechas calles de París no encontrarían refugio? La gente reaccionaba de modo exagerado, siempre había pensado eso.¿ Pero acaso ella no estaba haciendo lo mismo? El malestar en su estómago y sus crecientes ganas de huir le confirmaban que si. Y es que este era un momento crítico, requería de toda su entereza. Sin embargo no quería aforntarlo.
Había pasado tanto tiempo que volver a encontrarse ahora era algo que la aterraba.¿Qué haría cuando lo viera?
Pensó en abrazarlo, pero realmente ellos no eran amigos. Recordaba haberlo estrechado en sus brazos, pero eso era un recuerdo lejano, una situación de otro tiempo.
Daniela sintió un escalofrío, a pesar de sus intentos y sus farsas nunca lo había olvidado, no creía poder. Sabía que no era algo racional, su reaccion era exagerada. Al fin y al cabo ella era un transeúnte mas. Encendió un cigarrillo, pago el café, y dejó en la mesa una servilleta garabateada con un simple lo siento. Atravesó las calles de París caminando bajo la lluvia, mientras la gente corría a su alrededor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario